BTT en Madeira: aventura de descenso por los senderos de montaña

De la montaña al mar: descensos únicos que hacen de Madeira un paraíso para el ciclismo de montaña.
Hombre con gorra y mochila sonriendo.
João Amorim
Viajes de inmersión
Fecha:
feb. 05, 2026
Tiempo de lectura:
-min

Siempre fui un niño al que le gustaba explorar las zonas de matorrales situadas alrededor de mi casa. Por aquel entonces, pasaba horas montando en bicicleta con mi primo, inventando caminos, saltando escaleras… ¡todo lo que se nos ocurría! Todo esto mientras imaginaba que algún día haría una pista de descenso de verdad, de esas que solo veíamos en los vídeos: con paisajes que quitan el aliento y senderos que nos llevan al límite. No había nada parecido en la ciudad donde vivía y, cuando crecí, acabé dejando la bicicleta de lado. El sueño se quedó en el cajón… ¡hasta llegar a Madeira!

La verdad es que no era algo que hubiera planeado hacer antes de llegar aquí. Pero, al leer sobre las actividades de naturaleza en Madeira, me encontré con la propuesta de un recorrido en BTT y pensé: ¿por qué no? «¡Vamos a cumplir un sueño de la infancia!», me dije a mí mismo. No sabía donde me estaba metiendo… ¡y aún bien!

El plan era sencillo, o al menos eso parecía: hacer un circuito de BTT en Madeira, desde una zona cerca del pico do Areeiro hasta Caniço, cruzando bosques, senderos de montaña e incluso algunos tramos de carretera. Lo que no sabía era que iba a ser tan desafiante… pensaba que estaba más preparado de lo que realmente estaba. ¡Y quizá por eso fue tan épico!

El día empezó muy temprano. Me alojaba en la localidad pesquera de Câmara de Lobos y fue allí donde pasaron a recogerme. Desde allí, empezó el ascenso hasta las inmediaciones del pico do Areeiro. ¡Solo por las vistas del trayecto ya merecía la pena! Era uno de esos días de niebla baja, lo que muy probablemente quería decir una cosa: allá arriba estaríamos por encima de las nubes y ¡la vista iba a ser espectacular!

Durante el viaje, fui escuchando el briefing y enseguida me di cuenta de que aquello a lo que me había propuesto era mucho más difícil de lo que pensaba, pero nuestro guía me dejó bastante tranquilo: «Empezamos despacio y vamos viendo cómo te adaptas. No te preocupes, ve haciendo aquello con lo que te sientas cómodo, ¡siempre se puede adaptar!». Fue exactamente lo que necesitaba oír para ganar confianza. Estaba mentalmente preparado para la aventura que se avecinaba.

Hombre practicando BTT en un sendero en la naturaleza.

Casco bien ajustado, guantes puestos, protecciones en las rodillas y el corazón latiendo a mil. Comenzamos el descenso. Los primeros metros sirvieron para sentir la bicicleta, los frenos y el terreno. Ya no llovía desde hacía unos días y el terreno estaba perfecto. Fui ganando confianza y, sobre todo, fui recordando esa sensación única de recorrer un sendero en BTT. ¡Parecía que estaba volviendo al pasado!

El nivel de dificultad fue aumentando: dejamos el paisaje montañoso para adentrarnos en el bosque mágico de cedros gigantes de Poiso. El instinto que había desarrollado de niño fue regresando a medida que pedaleaba por el barro, esquivando raíces y serpenteando en las curvas cerradas entre los árboles.

Es difícil describir la sensación de hacer las rutas de BTT en Madeira por estos senderos. Todo es tan crudo, tan natural y, al mismo tiempo, tan desafiante. Sientes que la montaña te pone a prueba en cada curva. Y la sonrisa va creciendo a cada descenso superado. ¡Pura diversión!

Hubo zonas en las que incluso pasamos por el interior del bosque de laurisilva, patrimonio natural de la UNESCO. Ese verde húmedo, misterioso, casi mágico te hace sentir que estás en un lugar especial. Y, de repente, salimos del bosque y pedaleamos por una vereda con vistas al mar. Madeira es exactamente esto: contrastes que nos dejan sin aliento.

A mitad del recorrido, hicimos una pausa para almorzar en uno de esos lugares que solo quienes son de la zona conocen, en la pedanía de Santo da Serra, conocida por albergar uno de los campos de golf del archipiélago. Más tarde supe que también fue una de las primeras zonas donde la comunidad inglesa se instaló en Madeira en el siglo XIX y construyó algunas casas señoriales de estilo inglés que aún marcan el paisaje. Comimos el clásico prego madeirense en bolo do caco. Aquel pan caliente, la carne jugosa, el ajo aromatizándolo todo… era exactamente lo que necesitaba para seguir el descenso hasta el mar.

Después de la comida, volvimos a la bicicleta. Ya con las piernas más sueltas y mucho más confianza, entramos en una fase más fluida del descenso. Senderos anchos, zonas de mayor velocidad e incluso algunos tramos de carretera donde era posible respirar un poco.

La vista se iba abriendo a medida que nos acercábamos a Caniço. Ya veíamos el mar al fondo, y ese olor a brisa marina mezclado con el aroma de la tierra húmeda es algo que nunca voy a olvidar. Cuando por fin llegamos al punto final, me sentía agotado, pero con una energía interior que solo quien vive estas aventuras entiende.

Hacer BTT en Madeira fue mucho más que una actividad extrema. Fue un viaje personal. Volver a ser el niño que soñaba con esto. ¡Qué diversión! Fue un reto, sin duda. Claro que hubo momentos en los que pensé: «¿qué estoy haciendo aquí?». Pero fueron precisamente esos momentos los que hicieron que todo fuera tan inolvidable. Por eso, si estás pensando en hacer rutas de BTT en Madeira, te dejo este consejo: prepárate bien. Este tipo de senderos no es para principiantes. Se necesita cierta experiencia, resistencia y, sobre todo, respeto por la montaña.

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