Experiencias especiales en Madeira: rincones auténticos por descubrir

Levadas, fajanas, miradores y paisajes inolvidables en un viaje por Madeira y Porto Santo en busca de naturaleza, tranquilidad y autenticidad.
Hombre con gorra y mochila sonriendo.
João Amorim
Viajes de inmersión
Fecha:
jul. 09, 2026
Tiempo de lectura:
-min

Viajé a Madeira durante la Semana Santa y sabía que estaba eligiendo una época más concurrida, ya que, por lo general, mucha gente aprovecha estas fechas para viajar. A pesar de ello, mi objetivo estaba claro: relajarme, vivir Madeira de forma auténtica, comer bien e intentar visitar parajes donde pudiera estar en plena naturaleza, sin gente alrededor. Por eso, era obvio que tendría que buscar lugares menos conocidos o incluso visitar algunos de los sitios más famosos de la isla a horas más tranquilas, que me permitieran disfrutar del ambiente con más calma, con una mirada diferente. Así fue como acabé viviendo experiencias únicas en algunos parajes de la isla que me marcaron profundamente.

La Ruta del Plátano – RB2 Vereda do Nateiro

Una de las experiencias que viví en este viaje fue practicar parapente desde la cima de Madalena do Mar. Y, mientras esperaba a que amainara el viento y pudiera realizar la actividad, decidí recorrer la ruta del plátano RB2 Vereda do Nateiro.

Esta fue una de las primeras sorpresas del viaje. En primer lugar, porque el pueblo es precioso, con la playa perdiéndose en el horizonte y un montón de cafeterías y restaurantes maravillosos. En segundo lugar, porque, a pesar de que se trata de un recorrido relativamente corto, destaca por su autenticidad y por la posibilidad de adentrarse de verdad en la tradición del cultivo del plátano, que, como es bien sabido, es uno de los productos agrícolas más importantes de la isla.

Caminé entre plataneros cargados, con el Atlántico brillando en el horizonte, y me di cuenta de cómo esta pequeña ruta es un reflejo de la vida sencilla y auténtica que se respira en Madeira. Me crucé con muy poca gente por el camino, lo que me permitió pasar casi una hora charlando con un agricultor local que cuidaba del terreno.

Fue uno de esos encuentros inesperados que enriquecen cualquier viaje: escuchar las historias de quienes viven de la tierra, conocer los retos y el orgullo que conlleva el cultivo del plátano y sentir el cariño con el que se cuida cada planta.

Es una experiencia corta, sí, pero llena de significado, capaz de mostrar uno de los mejores paisajes de Madeira, donde la tradición y la naturaleza se dan la mano.

P.R.10 Levada do Furado

¡Venir a Madeira y no recorrer una levada es imperdonable! Al fin y al cabo, los levadas son uno de los grandes emblemas de la isla y entiendo por qué. Decidí recorrer la Levada do Furado junto con un guía local, y enseguida me di cuenta de que había sido una de las mejores decisiones del viaje. La ruta PR 10 – Levada do Furado es un recorrido largo, de 11 km, pero bastante accesible, bien cuidado y relativamente llano. Empieza en Ribeiro Frio y llega hasta Portela. Caminamos durante horas rodeados de vegetación exuberante, con vistas impresionantes a los valles y montañas que hacen de Madeira un lugar tan fotogénico.

A lo largo del recorrido, el guía me fue explicando curiosidades sobre la flora y la fauna, y me contó historias relacionadas con la construcción de las levadas y con la forma en que estas han marcado la vida agrícola de la isla, lo que hizo que toda la experiencia resultara aún más interesante y especial.

Pero la gran ventaja de elegir esta ruta fue, sin duda, la tranquilidad, ya que nos encontramos con muy poca gente por el camino. Eso me dio tiempo y espacio para detenerme, escuchar a los pájaros, observar las pequeñas cascadas o alguna planta concreta que el guía quería enseñarnos y, sobre todo, sentir la tranquilidad del lugar.

Fue una experiencia espectacular, una buena alternativa para quienes desean disfrutar de los paisajes de Madeira de una forma más serena, sin que el bullicio nos haga perder, ni siquiera un poco, la belleza del escenario que nos rodea.

Las playas de Fajã do Cabo Girão

En uno de los días más calurosos del viaje, decidí bajar hasta las playas de Fajã do Cabo Girão. Ya había visto los impresionantes acantilados desde el mirador, pero fue al llegar al nivel del mar cuando me di cuenta de la verdadera grandiosidad de este lugar.

El descenso se realiza en teleférico, por una ruta vertiginosa, ¡pero que merece mucho la pena! Cuando llegué a la fajana, caminé hasta la playa y, ¿sabes qué?, ¡no había nadie! El contraste entre las rocas oscuras, el mar cristalino y los gigantescos acantilados a mis espaldas creaba un paisaje absolutamente maravilloso. Allí, entre chapuzones y silencio, me sentí verdaderamente pequeño ante la gigantesca naturaleza que me rodeaba.

A pesar de ser un lugar tan increíble y de que el mirador das Fajãs de Cabo Girão sea tan conocido, muy poca gente baja hasta la fajana. Fue un verdadero privilegio poder disfrutar de un lugar así con tanta tranquilidad. Para mí, este lugar ofrece uno de los mejores paisajes de Madeira, ya que combina el mar y la montaña.

Puesta de sol en el mirador de Ponta da Ladeira

Llevaba mucho tiempo queriendo visitar el mirador de Ponta da Ladeira. ¡Ya había visto fotos y me parecía un lugar increíble! Pero, sinceramente, no me imaginaba que fuera tan impactante.

Desde lo alto del acantilado se puede disfrutar de unas vistas espectaculares de la fajana de Achadas da Cruz y del mar. Pero, al final del día, el escenario se vuelve todavía más especial. El sol se sumerge en el Atlántico y tiñe el cielo de tonos dorados y anaranjados, que se reflejan en el agua, mientras que la exuberante vegetación y una gigantesca cascada al otro lado completan este paisaje.

Contemplar la puesta de sol desde el mirador de Ponta da Ladeira fue una experiencia sorprendente. No solo por el espectáculo que ofrece la naturaleza, sino también porque casi no había nadie allí, lo que me permitió vivir ese momento en silencio. A medida que el sol se ocultaba, nos mirábamos unos a otros con esas sonrisas de quienes sin duda tienen el privilegio de presenciar algo único y especial. Para mí, este mirador es la representación perfecta de un paisaje de Madeira: acantilados, mar, vegetación, fajanas y una tranquilidad difícil de encontrar en otros lugares.

Porto Santo: serenidad en el mirador das Flores

Después de haber visitado la isla de Madeira cuatro veces, no pude resistirme a hacer una escapada a Porto Santo, la isla vecina, famosa por su playa dorada y por los rincones tranquilos que esconde. Uno de ellos fue el Mirador das Flores, desde donde se disfruta de unas magníficas vistas al islote Ilhéu da Cal.

Llegué allí al atardecer y me quedé prácticamente solo contemplando cómo el sol se ponía lentamente. La luz dorada iluminaba el mar y el pequeño islote, creando un ambiente de total serenidad. Fue uno de esos momentos en los que el tiempo parece detenerse y en los que sentimos que hemos encontrado exactamente lo que veníamos buscando: paz, autenticidad y conexión con la naturaleza.

Es cierto que, al visitar el archipiélago de Madeira en plena Semana Santa, sabía que podría encontrar más turistas de los que me gustaría ver en mis viajes. Aun así, al optar por lugares menos concurridos y por experiencias fuera de los circuitos habituales, acabé descubriendo una Madeira aún más auténtica y especial.

Ya sea en la sencillez de la Ruta del Plátano, en la tranquilidad de la Levada do Furado, en la imponencia de las playas y fajanas de Cabo Girão, en la grandiosidad del mirador de Ponta da Ladeira o en la serenidad de Porto Santo, todos los lugares que visité me proporcionaron lo que buscaba desde el principio: paz, belleza, serenidad y la naturaleza en todo su esplendor.

Senderismo
PR 10 - Levada do Furado
Câmara de Lobos
Fajã do Cabo Girão
Vila Baleira
Mirador de la Flor

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