Un día inolvidable explorando la costa noreste de Madeira

Desde pasear en buggy por las montañas de Machico hasta hacer surf en Porto da Cruz: aventuras, sabores y paisajes auténticos.
Hombre con gorra y mochila sonriendo.
João Amorim
Viajes de inmersión
Fecha:
abr. 23, 2026
Tiempo de lectura:
-min

Las mejores sorpresas ocurren cuando menos te lo esperas. Esta frase define mi visita a la costa noreste de Madeira. Fue un día lleno de energía, adrenalina y autenticidad. ¡Un día tan bueno que, sin duda, quedará grabado en mi memoria!

Cuando nos preguntamos qué hacer en Madeira, el sur de la isla suele ser la primera opción. Mientras que el sur es más soleado y urbano, el noreste es más salvaje, verde y auténtico. Aquí domina la naturaleza, con bosques frondosos, impresionantes acantilados y pueblos que conservan vivas sus tradiciones. Me habían dicho que este lado de la isla tenía una energía distinta, y eso fue exactamente lo que encontré.

Aventura off-road en buggy por las montañas de Machico

El día empezó con una experiencia llena de adrenalina y completamente fuera de lo común: un tour en buggy por la zona de Funduras. Íbamos equipados de pies a cabeza, preparados para lo que hiciera falta. ¡En cuanto empecé el recorrido en Fajã dos Rolos, me di cuenta de que aquella mañana no iba a ser como las demás! Recorrer en un buggy estas carreteras estrechas y los senderos del bosque de laurisilva fue una experiencia absolutamente memorable.

A cada paso nos esperaba una nueva sorpresa, una nueva dosis de adrenalina, charcos que cruzábamos entre risas, subidas que nos llevaban por encima de las nubes y vistas de vértigo que mostraban toda la fuerza del paisaje de Madeira, especialmente en Pico do Furado. Fue divertido, pero también emocionante descubrir la naturaleza tan de cerca y de una manera tan diferente. La cantidad de barro que cubría nuestros buggies y trajes impermeables era proporcional a la satisfacción reflejada en las sonrisas de todos los participantes.

También me dieron una auténtica lección de historia en Machico, el lugar donde nació la isla. Aquí fue donde los navegantes portugueses desembarcaron por primera vez a principios del siglo XV. Imaginamos ese momento de descubrimiento, los primeros pasos sobre el suelo de Madeira y el bosque circundante, el miedo a lo desconocido... ¡una mañana perfecta!

Almuerzo en Quinta do Furão, en Santana

La intensa mañana nos abrió el apetito y lo que vino a continuación fue una comida inolvidable en Quinta do Furão, en Santana. Me he alojado allí tres veces (sí, lo sé, ¡qué suerte la mía!) y sigue siendo uno de mis hoteles favoritos. Ya sea para pasar la noche, visitar los jardines, disfrutar de los miradores o comer en uno de sus restaurantes, Quinta do Furão es un lugar de visita obligada.

Probé varios platos, todos riquísimos, en un ambiente muy acogedor. ¡Pero es imposible no destacar las vistas! Desde los miradores del hotel se puede contemplar la costa norte de Madeira en todo su esplendor: acantilados imponentes, un mar infinito y un verde intenso… un ambiente casi místico que caracteriza este lado de la isla. Ninguna foto puede capturar por completo la grandeza del lugar.

Clase de surf en Porto da Cruz

Después de una mañana llena de adrenalina, un almuerzo delicioso y el trayecto en coche hasta la siguiente actividad, no hay nada mejor que echarse una siesta… ¡dentro del coche! Tanta adrenalina, la tripa llena, el sol calentando a ratos y el sonido de las olas de fondo… ¿te lo imaginas? Fue una siesta rápida, pero suficiente para recargar las pilas antes de la siguiente aventura: una tarde de surf en Madeira.

Porto da Cruz es conocido como uno de los mejores lugares de la isla para aprender a surfear. Ya lo he practicado algunas veces, pero sigo siendo un aprendiz. En Praia da Alagoa, las olas son perfectas, el ambiente es relajado y el paisaje... bueno, eso es difícil de describir. Estar en el agua con la tabla de surf y sentir la majestuosidad de Penha d'Águia detrás de nosotros es una experiencia única. La temperatura era perfecta… al fin y al cabo, ¡estábamos en Madeira!

En el agua no solo estábamos principiantes, también había surfistas experimentados, lo que dejaba espacio para que todos nos divirtiéramos. Disfruté cada intento, cada ola, cada caída y cada pequeña victoria... diversión hasta el último momento. Al final, salí agotado, pero con esa sonrisa típica de quien quiere repetir la experiencia.

Porto da Cruz es mucho más que un bonito pueblo pesquero: es un lugar vibrante, lleno de historia y con una identidad propia. Un lugar donde la cultura sigue viva.

Sabores locales en José Pequeno

Y, hablando de cultura viva, el día terminó de la manera más auténtica posible: sentados a la mesa del mítico José Pequeno, en pleno centro de Porto da Cruz. Allí tuvimos el privilegio de degustar dos clásicos que forman parte de la identidad gastronómica de la región: el «gaiado seco» (bonito del norte secado al sol) y el vino seco.

El ambiente era sencillo, local, sin pretensiones, y eso fue precisamente lo que hizo que la experiencia fuera especial. Comer lo mismo que comen los lugareños, en el mismo sitio donde ellos se reúnen, fue una forma única de sumergirme aún más en la cultura de la isla. Entre conversaciones, sabores intensos y el cansancio feliz de un día bien aprovechado, nos despedimos del noreste de Madeira.

Explorar la costa noreste de la isla merece muchísimo la pena y, en mi opinión, es mucho más que ver paisajes bonitos. Es sentir la naturaleza en su estado más puro, descubrir las tradiciones locales y vivir experiencias extraordinarias. Desde el paseo en buggy por Funduras, pasando por el almuerzo con vistas en Quinta do Furão, hasta la clase de surf en Porto da Cruz y terminando con el sabor auténtico del «gaiado seco», cada momento fue especial a su manera. Ha sido un día fantástico que recomiendo a todos los que visiten Madeira.

Si algo nos quedó claro, es que este lado de la isla es realmente diferente: más salvaje, más verde, más conectado con sus raíces. Y quizá, por eso, sea tan inolvidable.

 

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